Tractatus de Herbis

Durante la Edad Media, la medicina fue sin duda la disciplina científica más influida por los múltiples componentes culturales que contribuyeron a formar la sociedad. Sobre una base griega se mezclaron aportes latinos, bizantinos, árabes, mozárabes y otros procedentes de horizontes más lejanos que fueron transmitidos por las culturas vecinas del mundo occidental. Así, las plantas medicinales fueron designadas por tantos nombres como culturas había que se servían de ellas para fabricar remedios. Esta multiplicidad de nombres, que permitía identificar una misma planta en diversas culturas, pudo también generar confusiones. Para evitar este riesgo, aparecieron diccionarios, así como álbumes de botánica donde las representaciones de plantas y otros simples empleados en la práctica cotidiana de la terapéutica se acompañaban de las varias denominaciones que le daban las poblaciones de diversos orígenes que conformaban la sociedad medieval. Este Tractatus de Herbis, códice Sloane 4016, actualmente en las colecciones de la British Library, en Londres, es una de estas herramientas que permitió vincular la variedad de nombres de estas plantas con las plantas propiamente dichas. Esto contribuyó a evitar confusiones cuyas consecuencias habrían sido desastrosas en el caso de que a un paciente se le hubiera administrado un simple que no se correspondiera con el prescrito por los médicos.